En agosto de 1971 nace en Córdoba una revista que condensa el más típico humor local y, si bien anterior a esta publicación ya se habían destacado en la provincia, otros escritos con la intención de plasmar este fenómeno, como La Avispa, Ja Ja Ja y El Alacrán, entre otros, Hortensia se consagró como la más paradigmática expresión de humor popular hecha en Córdoba.
Su impresionante éxito ha motivado a numerosos autores a tratar de dilucidar las causas del fenómeno: 18 años y 3 meses ininterrumpidos: desde agosto de 1971 hasta diciembre de 1989; dos mil ejemplares vendidos con el primer número; un tiraje promedio de 75 mil unidades y dos Libros de Oro. Hortensia consigue con todo esto, competir con ediciones de Buenos Aires.
Lejos de representar una revista de antaño, lo más alucinante de “La Papa” es que se actualiza continuamente en aquello que denominamos humor cordobés. Pero, ¿de dónde surge esta denominación?. Digamos que, salteando algunas particularidades de Córdoba y cierta tradición humorística, lo que hoy se conoce como humor cordobés no es otra cosa que el humor “cocinado” en las páginas de Hortensia, durante lo que se dio en llamar la famosa “era Cognini”.
Pero, aún hilando un poco más fino, es preciso reconocer que Negrazón y Chaveta se posicionaron como los personajes claves a la hora de institucionalizar esa especie de escencia del humor mediterráneo, estamos hablando de la figura de “el Negro cordobé”, personaje típico que tanto eco hace en los repertorios de humoristas locales y nacionales.
La aparición de estos dos amigos en las páginas de la revista, hablando en “cordobés básico” y contándose sus aventuras, revistió una particular significación en el contexto de esos años. De repente, en esta ciudad marcadamente tradicional y elitista aparece Negrazón y Chaveta, y con este producto cultural, los “Negros cordobeses” comienzan a estar presentes en las lecturas de los sectores más acomodados.
Como señalara su Director Alberto Cognini, Hortensia era consumida por los sectores de clase media y alta de Córdoba, los estratos sociales más bajos no eran lectores, sino protagonistas. El léxico de estos sujetos populares podía leerse y se plasmaba en una revista hecha por intelectuales y dirigida a un público culto.
Quizás, ésto pueda comprenderse teniendo en cuenta el trasfondo social y económico que le sirvió de marco: la industrialización creciente de la ciudad y la consecuente reconfiguración social y poblacional. Tal coyuntura posibilitó que entraran en escena nuevos actores sociales: trabajadores sindicalizados, estudiantes políticamente activos y los nuevos pobres, o pobres urbanos.
Estos son los sujetos que inspiran al autor, es ese sector llamado el “lumpen” de Córdoba, los que quedaron fuera de los beneficios de una industrialización que empezó a tomar fuerza en nuestra ciudad allá por los años cincuenta.
Pero, además, Negrazón y Chaveta fue posible porque su creador pertenecía a ese grupo de intelectuales liberales y contestatarios que había surgido de la experiencia cultural en Córdoba. Lo popular, la cultura de las clases subalternas se pone en escena de su mano.
Hortensia realmente albergaba una tradición contestataria. No olvidemos que el humor es, desde tiempos inmemorables, un discurso fértil para sembrar la crítica, lugar privilegiado para desenmascarar realidades, porque la risa es liberación, es catarsis. De allí que podamos decir que Negrazón y Chaveta, además de personificar a los famosos “Negros cordobeses”, tendió sin duda, a constituirse como un lugar desde el cual se visualizaron en clave de humor, ciertas condiciones en las que vivía un sector social de Córdoba.