Al filo de la Quebrada él cultiva el maíz. Ella teje.
La primavera se instala tapizando los llanos en oscuros verdes. Las copas todavía peladas de las tipas se yerguen hacia el cielo terso, y los lapachos brotan sus flores rosadas, al pie de las laderas.
Él palea la tierra, rompiendo los terrones duros. Ella acomoda su lana.
En la cima, los jacarandás refulgen violetas y las enredaderas decoran las cuestas, entre sauces y moras. En las estepas, vicuñas y guanacos montan guardia, mientras los cóndores custodian en vuelo el paisaje.
Él deposita las semillas en el cuenco. Ella arropa el tejido en su falda. Saben que el fruto se hará esperar.
Hacia el oeste, las montañas de Humahuaca se pintan de colores, recortadas en el ancho cielo de la Puna.
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