¿Quién dijo que los cuentos para chicos son sólo para chicos?… Una tontera cerrarse en esta idea y perderse relatos maravillosos como este de José Saramago: “La flor más grande del mundo”, escrito y narrado por él en este corto que les dejo a continuación. Una de las tantas perlas literarias del autor portugués.
Premio Nobel de Literatura y crítico de la realidad política y social de nuestro tiempo, su frase: “Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay”, encierra el espíritu de una lucha que libró a través del pensamiento y la palabra.
Cuando vi el corto de este post, pensé: qué lindo sería que los adultos también se permitieran leer literatura “para niños”. Es que la literatura, como la danza, la música y la pintura es una manifestación del arte, y en este sentido clasificarla o ajustarla a un receptor es quitarle lo que de universal tiene. Si recorremos las librerías cordobesas vemos libros como “El Principito” o “Platero y yo” (por citar dos ejemplos) descansar en los estantes del sector “literatura infantil”.
Nada más paradójico y contradictorio, ya que justamente lo que los ha hecho trascender, lo que los ha colocado en el selecto y codiciado rubro de clásicos de la literatura es justamente lo que en ellos hay de humanidad a secas, esos valores universales como el amor, la amistad, la vida y la muerte.
El propio Juan Ramón Jiménez decía: “Yo nunca he escrito ni escribiré nada para niños, porque creo que el niño puede leer los libros que lee el hombre, con determinadas excepciones que a todos se les ocurren”. Y a mí me gustaría agregar: los grandes también pueden leer los cuentos que los niños leen y conectarse con ese rincón mágico y sublime, presente en todos los corazones adultos.
Sobre este tema, se me vienen a la mente reflexiones como la de María Teresa Andruetto cuando se refiere a la literatura como “sin adjetivos” (1). La autora nos invita a pensar los textos sin una sujeción a priori al destinatario (niños: literatura infantil; jóvenes: literatura juvenil). Señala: “De todo lo que tiene que ver con la escritura, la especificidad de destinatario es lo primero que exige una mirada alerta, porque es justamente allí donde más fácilmente anidan razones morales, políticas y de mercado”.
Laura Devetach también reflexiona sobre estos temas en su libro “La construcción del camino lector” (2) . En este trabajo, que trata sobre las motivaciones que nos llevan a ser escritores y lectores, señala que “en muchos casos se enfatiza normativamente sobre que los chicos tienen que recibir cuentos cortos (…) que los textos tengan palabras sin complicaciones y sin implícitos (…) Por este camino se eligen y hasta se fabrican textos para responder a estas necesidades…”
No es difícil darse cuenta que la lógica del mercado es una determinante de esta realidad; al igual que para vender autos, lapiceras o vinos, cualquier empresa debe segmentar públicos y colocar sus productos en determinados nichos de mercado.
Ahora bien, lejos de querer proponer una mirada negativa o demonizar el negocio de las editoriales, me parece más interesante destacar la posibilidad que tienen los profesionales, docentes, bibliotecarios y lectores en general de elegir y enseñar a elegir críticamente el material de lectura. Después de todo, optar es el mejor ejercicio que podemos hacer de nuestra la libertad.
(1) Conferencia pronunciada por la escritora argentina María Teresa Andruetto el 5 de julio de 2008 en la Jornada de Literatura Infantil y Juvenil celebrada en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
(2) Devectah, Laura. “La construcción del camino lector”. Editorial Comunicarte, Córdoba 2008.



